21 ago. 2011

Comer lo justo, ni más ni menos.

Ojeando revistas ha caido en mis manos el artículo que voy a publicar de Carlos González, pediatra y escritor de libros sobre niños como Bésame mucho o Mi niño no me come, el cual éste último me he leido de cabo a rabo y 2 veces para concretar más... Precisamente este artículo viene a ser un resumen de su planteamiento con respecto a la alimentación de los niños, del que estoy bastante de acuerdo.

El libro Mi niño no me come lo recomiendo a mamás pero también a papas, abuel@s, ti@s y en general a todas las personas que replican, rechistan, se enfrentan, aconsejan a cómo, cuándo, el qué, cuánto se debe dar de comer a los bebés... cada cuál con su teoría sobre cómo dar de comer a "su niño".

El artículo ya empieza dejando bien claro: PODRÍA SER PERJUDICIAL OBLIGAR A NUESTROS HIJOS A COMER MÁS CANTIDAD DE COMIDA LO QUE SU ORGANISMO LES PIDA DE FORMA NATURAL.

Comer bien es comer la cantidad que cada persona necesita, y lo que necesita un niño sólo lo sabe él. si come tres cucharadas, es porque necesita tres cucharadas. Comer cuatro es comer un 33 por ciento más.

Los niños comen menos de lo que esperamos porque esperamos demasiado. Hace un siglo, cuando nuestros bisabuelos eran bebés, la primera papilla se daba a los 12 meses. Hasta entonces, sólo teta. Pero luego se empezó a sustituir la teta con biberones, y claro, no era lo mismo. Los biberones llevaban leche de vaca hervida (adiós a la vitamina C) con agua y azúcar. Los niños enfermaban con aquella dieta, a menos que les dieran también otros alimentos: carne, que lleva hierro; hígado y pescado, ricos en vitamina D; fruta, cargadita de vitamina C.

Las papillas se fueron adelantando, y en los años cincuenta los niños comían de todo (hasta pescado) con un mes. Más tarde, a medida que los fabricantes añadían las vitaminas necesarias a la leche del biberón, las papillas se han vuelto a retrasar, y ahora se recomienda empezar a los seis meses. Pero existen muchos niños que no necesitan papillas, y por tanto, se niegan a comerlas hasta los 8 o 10 meses o más.

Por otra parte, las cantidades están completamente equivocadas. En los últimos 25 años, las recomendaciones oficiales de los expertos han disminuido en un 25 por ciento. Es probable que las cantidades que figuran en los libros o que recomiendan los pediatras se basen en cifras antiguas, generosamente redondeadas al alza "por si acaso". El resultado: muchos niños comen menos de la mitad de lo que "tendrían" que comer.

Algunos niños no quieren empezar con la papilla, pero otros se la comen con entusiasmo y, a veces, en cantidades impresionantes. He visto a un niño de 10 meses tragarse un plato de pollo y verduras que yo no me hubiera acabado.

Durante el primer año, los bebés comen mucho porque crecen muy deprisa (todos comen mucho; los que no comen papilla es porque toman mucho pecho). Pero en el segundo año engordan mucho menos, y crecen más despacio, y así seguirán hasta el estirón de la adolescencia. Por eso los niños de año y medio comen lo mismo o menos que los de nueve meses, mientras sus padres calculan: "El doble de edad, el doble de comida".

En general, a los niños no les gustan los alimentos bajos en calorías. Tienen el estómago muy pequeño, y no pueden, llenarlo con cosas inútiles. Los alimentos que suelen gustar a los niños son ricos en calorías, "cosas que engordan": pasta, arroz con tomate, pollo, mayonesa, pan, chocolate, dulces... Casi ninguno quiere sopa, o verdura, que son "de régimen".

La leche materna tiene 70 calorías por 100 gramos. Las frutas, unas 50. Las verduras, 30 o menos. Por eso es tan importante dar el pecho con cada papilla (los primeros meses, mejor el pecho primero; más adelante, puede ser el pecho de postre). Quitarle a un niño una mamada, para darle sólo fruta, o sólo verdura, es un insulto a su inteligencia. Desde su punto de vista, están intentando matarlo de hambre. En cambio, si primero le dan el pecho, es probable que después quiera probar dos o tres cucharaditas de frutas. El objetivo de darles fruta no es que la coman ahora, con ocho meses (no la necesitan para nada), sino que se acostumbren y la coman el resto de su vida. Si come un plato entero, forzándole, cogerá asco a la fruta, y en cuanto tenga fuerza, se negará en redondo. En cambio, si se come dos cucharadas o dos trocitos, con su propia mano, contento, disfrutándolo, cuando sea mayor comerá más fruta.

¿Que de este modo sólo come lo que le gusta? ¡Claro, como yo! Como todos. Cuando vamos a un restaurante, ¿qué pedimos? ¿Lo que nos gusta o lo que no?

Extraido de la revista Única.

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