La dieta infantil

Publicación de la Vanguardia del 21 de mayo de 2011.

Evitar los problemas de sobrepeso y obesidad en los niños no es tanto cuestión de limitar las calorías que comen como de fomentar que las quemen. El juego y la actividad física adelgazan.


Regular la báscula infantil

- Paciencia Ver el problema a largo plazo. No hay que someter a los niños a dietas estrictas, ni tampoco compensarles con comida ni con regalos por comer sano

- Variedad Comer variado, con cereales, frutas, verduras y hortalizas como base de la dieta

- Menú atractivo Introducir las verduras y las frutas con preparaciones atractivas y en alimentos cotidianos como tortillas, pizzas o arroces

- Sin picoteo Hacer cinco comidas al día y potenciar el desayuno con fruta y lácteos desnatados

- Pocos fritos Prescindir de fritos y utilizar más la plancha, el horno y el hervido para cocinar

- Agua La bebida debe ser agua o lácteos desnatados

- Evitar tentaciones No comprar chucherías, pasteles, tentempiés, refrescos, zumos envasados ni comida que deba estar restringida en la dieta infantil

- Masticar lento Acostumbrar a los niños a comer despacio y a masticar mucho

- Sin tele No comer viendo la televisión porque no se presta atención a lo que se come

- Raciones pequeñas Servir en plato la ración adecuada y no poner fuentes en la mesa para evitar que repitan

- Menos sofá Reducir las actividades sedentarias como ver televisión o estar ante el ordenador

- Movimiento Incorporar el ejercicio a las actividades cotidianas: subir y bajar escaleras, ir caminando a comprar y a la escuela, montar en bicicleta o en monopatín, ayudar en las tareas domésticas, realizar extraescolares deportivas

- En familia Hacer deporte en familia. Ir al parque y fomentar el juego que exige actividad física: carreras, pañuelo, saltos...


La prevalencia de la obesidad y el sobrepeso entre los niños españoles está por encima del 30%. El dato lo facilitó hace unas semanas el presidente de la Agencia de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan), Roberto Sabrido, y se fundamenta en la toma de datos de peso, altura y edad de 7.500 niños de entre 6 y 10 años. Otras investigaciones, basadas en encuestas, indican que hoy hay tres veces más niños obesos en España que hace 15 años. Vicente Martínez, investigador del centro de estudios sociosanitarios de la Universidad de Castilla-La Mancha, lleva 19 años midiendo a los niños de entre 8 y 12 años de veinte colegios de Cuenca y sus datos son concluyentes: si en 1992 eran un 22% los escolares con sobrepeso u obesidad, ahora son el 36%. Y el porcentaje es mayor en el caso de los varones: el 38%, frente al 33% entre las niñas. “En la mayoría de países el fenómeno de la obesidad infantil ha tocado techo, pero en España sigue creciendo, aunque en el nordeste, fundamentalmente en Catalunya y en el País Vasco, la incidencia es menor”, alerta Martínez. ¿Por qué crece? Los especialistas responden que la causa está en el cambio de hábitos.

Observar el día a día de buena parte de la población infantil española puede resultar clarificador. Primero, su menú. El más habitual consiste en un desayuno a base de leche con cacao y galletas o magdalenas; un zumo y un bollo para el recreo; espaguetis, filete con patatas y un postre lácteo para comer; un bocadillo de fiambre, chuches o una bolsa de patatas fritas para merendar, y unos fritos congelados, una pizza o una hamburguesa para cenar. En resumen, una gran dosis de calorías y energía. Luego hay que mirar sus hábitos cotidianos: se levantan, van al colegio en autobús o en coche, estudian, no se mueven del centro escolar para comer, salen de la escuela para ir a clase de manualidades o de idiomas, regresan a casa, se sientan a ver la tele, a hacer los deberes o a jugar en el ordenador y la videoconsola; cenan, un poco de televisión y a dormir. Algunos presentan una variación: en lugar de clase de manualidades, hacen una hora de fútbol, de patinaje o de natación. En resumen, unas 23 horas de actividades sedentarias y una de ejercicio.

Es evidente que esta no es la pauta que siguen todos los niños, pero las investigaciones apuntan que, durante las últimas décadas, por cuestiones de comodidad y tiempo, la fruta, la verdura, las legumbres y el pescado han perdido peso en la dieta infantil en favor de la comida rápida, las chuches y la bollería. Y las actividades físicas tradicionales se han cambiado por la televisión y los videojuegos. Según un estudio elaborado por los farmacéuticos de Castilla-La Mancha, siete de cada diez niños no comen las cinco raciones diarias de fruta y verdura recomendadas, y prácticamente tres de cada diez no toma pescado ni dos veces a la semana. Por otra parte, el 9% no hace ejercicio durante la semana y el 21,6% no tiene actividad física durante el fin de semana.

Y si hace tiempo la obesidad infantil preocupaba a los pediatras pero los niños rollizos continuaban siendo motivo de orgullo en muchos hogares, hoy la preocupación se ha hecho extensiva a muchas familias que se plantean cómo conseguir que el niño o la niña no engorde o adelgace. “El problema a la hora de abordar la obesidad infantil es que las herramientas son muy limitadas; la disponibilidad e indicación de medicinas o intervenciones quirúrgicas es absolutamente excepcional y tampoco puede indicarse una restricción excesiva de calorías porque, a diferencia de los adultos, los niños están en un periodo de crecimiento y desarrollo”, afirma Gabriel Martos, especialista en obesidad infantil de la Sociedad Española de Endocrinología Pediátrica e investigador del Centro de Investigación Biomédica en Red (Ciber) de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición. Si quien tiene que adelgazar es un niño o un adolescente no sirven las dietas que utilizan los adultos: ni las hipocalóricas, ni las bajas en hidratos de carbono, ni las hipoproteicas, ni las de disociación... “Con los chavales, ni se puede renunciar a ningún macronutriente, ni es una cuestión de calorías; una dieta de 1.500 puede ser hipocalórica para un adolescente y normocalórica para un niño más pequeño, y ser adecuada o no según el ejercicio que haga; debe ser el médico el que mire el factor de crecimiento, la edad y el gasto energético de cada niño y determine sus necesidades, porque si el chaval no toma las calorías que necesita puede dejar de crecer a largo plazo”, alerta Jaime Dalmau, coordinador del comité de nutrición de la Asociación Española de Pediatría.

Los especialistas subrayan que para que un niño adelgace la receta no es ponerle a dieta, sino cambiar sus hábitos para que lleve una alimentación sana y, sobre todo, para que gaste más energía de la que consume. “Las normas básicas en la dieta de los niños son tomar los lácteos desnatados; tomar un mínimo de cuatro raciones de alimentos ricos en fibra como fruta, verdura y ensalada; poner en los bocadillos menos embutido y lechuga y tomate para que llenen; y eliminar el picoteo de chucherías, refrescos, zumos, patatas fritas y similares”, indica Dalmau. Martos remarca que lo importante es evitar los excesos, ordenar la alimentación e incrementar la actividad física. “La receta básica es hacer cinco comidas al día y no picar entre horas; no tomar bebidas azucaradas, comer raciones más pequeñas y más despacio, y una hora de ejercicio al día; con esas pautas un alto porcentaje de los niños con problemas de peso que llegan a la consulta tiene suficiente”, dice Martos.

Claro que este cambio de hábitos no siempre es fácil, porque requiere de la implicación de toda la familia. “No se puede dar al niño obeso un bocadillo de tomate y lechuga y a su hermano uno de jamón, queso y mayonesa; eso no lo aguanta nadie”, advierte Dalmau. Y subraya que, dado que la dieta infantil no es más que un listado de pautas saludables, debe seguirla toda la familia, cambiando únicamente las cantidades en el caso de los adolescentes. “Si en lugar de obesidad el niño tuviera cáncer, toda la familia estaría dispuesta a sacrificarse para ayudarle; pues padres y hermanos han de hacerse a la idea de que la obesidad es una enfermedad familiar que no se escoge y que toda la familia ha de contribuir”, comenta Dalmau. Martos añade que hay que concienciar tanto al entorno más cercano como a tíos y abuelos propensos a dar al niño todos los caprichos para que esté contento. Una solución fácil es no tener en casa los alimentos que conviene restringir, como refrescos, chuches o bollería. “Si se tienen otros hijos que no tienen problemas de peso, se les puede dar alguno de estos caprichos de tarde en tarde, cuando el que tiene que adelgazar no esté presente”, sugieren los expertos.

Más ejercicio y a diario

Pero más allá de lo que ingieren o no los niños, los especialistas aseguran que la regla de oro para que adelgacen es que hagan más actividad física, y a diario, para que el resultado entre las calorías que comen y las que gastan no se desequilibre. “Para atajar el problema del sobrepeso y la obesidad infantil hay que poner la actividad física en el centro del debate”, afirma Vicente Martínez. Él lo ha hecho con el programa MOVI, una iniciativa que arrancó en el 2004 para promover la actividad física entre los escolares y con la que ha demostrado que se puede adelgazar jugando. Durante dos años, unos mil niños de cuarto y quinto de primaria participaron, durante tres días a la semana, en una extraescolar de juegos activos y no competitivos de hora y media de duración y, al finalizar el programa, la tasa de sobrepeso se había reducido un 6%. “Ahora tenemos en marcha MOVI2, que consiste en una hora y media de juego activo dos tardes al salir del cole y otras dos horas y media los sábados por la mañana, que se aprovechan para hacer excursiones en bicicleta y otras actividades al aire libre; en total son cinco horas y media semanales de ejercicio, suficientes para cumplir con las recomendaciones de las sociedades científicas de realizar entre cinco y siete horas semanales de actividad física moderada o intensa”, explica Martínez. Y apunta que con el programa MOVI constataron que el juego quema calorías, pero también que socializa, revive los roles de pandilla, mejora la calidad del sueño de los niños y, en consecuencia, su rendimiento escolar.

En opinión de los especialistas, el principal detonante del sobrepeso infantil es el sedentarismo.Y eso no se corrige con apuntar al niño a una extraescolar de deporte dos días a la semana. Lo importante, dicen, es hacer del ejercicio una actividad cotidiana: no utilizar el coche o el autobús para desplazamientos de menos de dos kilómetros, subir y bajar escaleras en lugar de utilizar el ascensor, llevarlos desde pequeños al parque para que se muevan y jueguen... “Los países escandinavos tienen una tasa de sobrepeso de poco más del 12%, muy inferior a la nuestra y a la de países como Italia, Portugal y Grecia, y eso que aquí tenemos mejor acceso a frutas de temporada y al aceite de oliva y disfrutamos de mejor clima para estar al aire libre; la diferencia estriba en que nuestras ciudades no son transitables para que los niños vayan andando o en bici, y los chavales cada vez pasan más horas delante de las pantallas”, reflexiona Vicente Martínez, convencido de la necesidad de revisar el medio ambiente urbano. Así lo piensan también en Estados Unidos, donde la obesidad infantil alcanza niveles alarmantes, tanto por el número de niños con exceso de peso como por el elevado peso que alcanzan. Convencidos de que el problema del sobrepeso no tiene una única causa, los especialistas estadounidenses dicen que hay que atajarlo desde muchos y diferentes ámbitos: desde educar a las familias para que adopten pautas saludables de alimentación y ejercicio físico, hasta reorganizar los barrios para que haya zonas de esparcimiento y se prioricen las aceras sobre las carreteras y se pueda ir caminando en lugar de tener que coger el coche para todo, pasando por una reorganización social que permita ir a comer a casa o facilite fórmulas para comer fuera que permitan alimentarse sano a bajo coste.

Martínez subraya que hay muchos países que están colocando la lucha contra el sedentarismo en el centro del debate social. “En Canadá han prohibido los e-mails internos para que los trabajadores tengan golpes de actividad, para que se levanten a hablar con otros compañeros en lugar de consultarles por correo interno; y los niños aprenden a contar pasándose una pelota para fomentar elmovimiento en las aulas y evitar el sedentarismo”, ejemplifica. Claro que, cuando se trata de alguien obeso, romper el sedentarismo tampoco significa ponerse a correr cinco kilómetros de golpe. “Al niño obeso hay que darle una serie de trucos para fomentar su actividad; quizá no pueda salir a correr, pero sí caminar tres kilómetros, subir las escaleras hasta el tercero y poco a poco subir algún piso más; aprovechar las pausas de publicidad cuando ve la televisión para subir y bajar las escaleras de casa ..., y buscar actividades con las que pueda pasárselo bien: si está obeso quizá no disfrute con el fútbol o con el ballet, pero puede que sí con la natación, el senderismo o siendo pivote de balonmano; los americanos, que han estudiado mucho en torno a la obesidad, aseguran que puedes consumir calorías incluso en las escaleras mecánicas si en vez de quedarte parado subes caminando por ellas”, resume Dalmau.

Hay estudios que indican que también es posible hacer ejercicio y adelgazar mientras se juega a la videoconsola. Investigadores de la facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad de Heriot-Watt, en Edimburgo, determinaron el gasto de energía de un grupo de veinte adolescentes mientras practicaban un juego de simulación de baile. Tras 30 minutos de actividad, comprobaron que se pueden quemar hasta 600 kilocalorías por hora y, con la práctica de unas diez o doce horas, llegar a perder hasta un kilo de peso. De hecho, para romper con la inercia de asociar videoconsola a sedentarismo, cada vez se lanzan más juegos comerciales que promueven el movimiento y pretenden servir para ponerse en forma, como Wii Sport, Wii Fit, la plataforma Dance Dance Revolution o EASports Active. En el instituto de investigación LabHuman de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) han desarrollado un programa de e-terapia para la obesidad infantil que, además de permitir al niño y a los familiares comunicarse con los terapeutas vía internet o captar información fisiológica y psicológica del paciente, también proporciona acceso a juegos que incentivan moverse.

Necesidades

1.700 – 2.000 kcal, aproximadamente, para un niño que camina 20 minutos para ir al colegio y juega otros 20 minutos en el recreo. Las necesidades energéticas exactas dependen de la altura, el peso, el metabolismo y la actividad de cada niño

Desayuno 430 kcal: Leche con cacao (200 kcal) + 8 galletas (230 kcal)

Almuerzo para el recreo 350 kcal: Bollo (250 kcal) + Zumoenvasado (100 kcal)

Comida 690 kcal: Espaguetis (250 kcal) + bistec con patatas fritas (320 kcal) + flan de vainilla (120 kcal)

Merienda 300 kcal: Bocadillo de jamón y queso (200 kcal) + refresco (100 kcal)

Cena 550 kcal: Pizza (450 kcal) + plátano (100 kcal)

TOTAL 2.320 kcal (*)

GASTO ENERGÉTICO

20 minutos caminando hasta el colegio: 60/80 kcal

20 minutos jugando en el recreo: 120 kcal

1 hora de entrenamiento deportivo: 250/500 kcal
(*) Si se sustituye el bollo por un pequeño bocadillo; el zumo y el refresco por agua, y las patatas fritas por ensalada se ahorran 400 kcal

Texto por Mayte Rius

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